EL OJO METAEFÍMERO
Aposentado en mi ordenada buhardilla por enésima vez empiezo a perorar. Aparece en forma de letanía el concepto de Dios, que bajo el prisma de la acepción teísta, no logro asimilarlo (o tragarlo). No creo en una suma perfección donde radique el Bien ni en un ser personal que sea eterno e infinito, y que por si fuera poco intercediera en nuestras vidas y nos haya dotado de una sustancia afín a la suya o connatural a la suya, no me es convincente extirpar a ese Ser del plano de todo lo existente, concebirlo como trascendente, como un supremo albañil o arquitecto, o relojero. Ahora bien, lo de los deístas, me llega mejor, se le amputa la condición de benefactor o providente, de castigador también (ojito), es Autor, pero aún así, se lo identifica con el ejercicio de la razón y como máximo objetivo moral al que toda persona ha de encaminarse. Tampoco me persuade, en definitiva, qué le vamos a haché. Mi Ojo metafímero (también llamado misteróscopo) transa con creer que hay una entidad, infinita para el paladar de un filósofo o poeta, indeterminada para un matemático o científico naturalista (no universalizo). El Universo. Y lo digo o miento con mayúsculas, no por arcaísmo sacralizante o por ponerme ditirámbico (oooh), sino por darle modesto énfasis de ser envolvente y entrañar la ley del cambio. Todo transmuta con rigor constante (eso lo saqué de un poemita, de un vate al que conozco un poco), las bacterias ejecutan su característico quorum sensig,anfibios devinieron en reptiles, células cumplen con mitosis y meiosis, reproduciéndose para formar nuevas células (y cuidadito con eso del cáncer), la humanidad es predecesora y sucesora de "otras humanidades". Todo se estructura, tiende a fines, se gesta un embrión, cae un rayo destruyendo a un árbol o se produce un incendio proceloso, o sismo, o... Botija, la vida es así, me dijo alguien.
Puedo aceptar la divinidad en ello. En una constante transformación, en series de desarrollos evolutivos que supongan perfeccionar algo anterior o mutilarlo para formar algo nuevo (quizá esa sea una manera de "perfeccionar", o tenga que aflojar yo). Panteísmo, igual a ateísmo, en tanto que Dios ya no es fruto ni objeto de oración ni invocación, sino, el Ser mismo, la abstracción, el existir en espacio y tiempo, espacios y tiempos (ahora con esto de la Teoría de las Supercuerdas). Desde la ventana de una mente, pues sobre todo me encuentro en la Vida. Ella, dinámica y compleja, integración de blancos y negros, agua y fuego, idea y cosa, la Vida como entidad preñada de matices es la realidad por excelencia para mi humilde Ojo metaefímero (no es sólo mi tesoro, es también tuyo). El Ojo como yo, pronto será un llano cráter o huella endeble o sencillamente nada, pero busca y anhela.
La Vida abraza al Universo (es éste desde la subjetividad), cata al Cosmos (trenzado de leyes, la propia inmanencia del Universo, el Universo sin necesidad de que haya otra cosa) y a la Naturaleza (todo según no haya sido intervenido por el hombre, instrumento y justificación para vivir).
... En la Vida se forja un binomio materia-energía, hacia la Vida marcha parte de lo inerte y desde ella se va hacia lo inerte, la Vida es un punto especialísimo donde mi ojo halla un agridulce tesoro, el principio de sí contradicción. Nada somos sin las cosas y las cosas nada serán sin nosotros, y sin Vida nada de esto se hubiera edificado. Ni siquiera se habría definido este mar de palabras pretenciosas.
En ese principio, detrás, está el Misterio, piedra angular de mi pensamiento, siendo el pensamiento el encontrarse con la Vida (tiempo, espacio, misterio). Vida y Universo, una estrella binaria que posee muchos atributos, y en nosotros se expresan en cuerpo y alma, elementos inseparables de la unidad compleja...
Es la Vida la Realidad y también la Idealidad. La Vida con médula metafísica, la Vida en sentido o intención científica es la punta de un iceberg. Y desde su eje metafísico es el yugo de una Necesidad para mantenerse en pie, al margen de la fotosíntesis, la respiración y la proliferación de esporas. El Amor. El pulso de la conexión, la Vida según no se autoaniquile (porque entraña esa capacidad, escondidita pero está).
Y nosotros, entes vitales, desde ella y en ella, los humanos, aún aceptando que nuestro Sol es una humilde estrella componente de una pléyade de muchísimos soles, algunos mucho más majestuosos, fulgurantes, aún aceptando que el Homo sapiens no es equivalente a prerrogativa alguna, que no es centro de nada y que hay energía en nosotros que se expresa en forma de instintos que conviven con y en buena parte son la Razón (razón desilustrada), así y todo somos como seres amarrados a una fuente de aguas coercitivas, en y desde la cual brota una hoguerilla que reconoce esas aguas y se desvía un poco de esas aguas. Es la libertad. Una facultad muy relativa de ir para acá o ir para allá, hogar de la Necesidad, y heterónimo de la liberación.
La libertad es ausencia de empalizadas que nos permite andar, es un momento en que hay vigilantes distraídos y nosotros franqueamos una frontera, es después de todo, una determinación para actuar y pensar. Somos libres por condena, ahí estoy con Sartre, además de traer a la responsabilidad. Luego autores como Feuerbach, Freud, Hobbes o Gurdjieff me ayudan a valorar (capítulo aparte) la energía sexual como fuente de numerosas motivaciones, como motor importante, no sé si esencial para desarrollarnos. No somos encomendados de una dimensión trans-ética, de un mundo de fantasía donde Bien y Mal son mandatos divinos o simplemente vallas para saltar. Somos sublimadores. Los instintos son un mármol de Carrara para nosotros, y en base a ellos (véase sobrevivir y autorrealizarse) redactamos páginas de bien y mal, hacemos moral y derecho, hay bien para todos y hay bien para ti pero no para mí y viceversa. Nosotros, sólo nosotros (quizá otro animal, otro servivo habitante de o fuera de la Vía Láctea) posee la llamada sindéresis o conciencia moral.
(Ahora recuerdo a Ken Wilber) ... Somos un todo, parte de otro todo, y así sucesivamente: letras que son en sí, y a su vez parte de palabras, éstas forman estrofas o párrafos, y textos, etc, etc...
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